Durante la temporada estival, las agendas se aligeran, las reuniones disminuyen y la sensación general es que la actividad se detiene (o al menos se ralentiza) hasta septiembre. Muchas organizaciones reducen su presencia pública, aplazan decisiones de comunicación y reservan sus grandes anuncios para la vuelta de las vacaciones.
Sin embargo, la conversación nunca desaparece. La reputación sigue construyéndose mientras el volumen de mensajes disminuye: las conversaciones continúan, los medios siguen marcando la agenda, las redes sociales mantienen su actividad y las decisiones de compra, contratación o inversión siguen presentes aun siendo julio o agosto. Y en ese escenario sucede algo especialmente interesante: cuando el ruido baja, deja de competir quien más habla y empieza a destacar quien tiene una estrategia.
En un entorno saturado de información, el verano ofrece un contexto diferente. Cada mensaje adquiere más peso porque la conversación pierde velocidad y la atención se vuelve más selectiva. Es un buen momento para preguntarse si aquello que comunicamos realmente aporta valor y para dedicar más tiempo a escuchar que a emitir mensajes. Al fin y al cabo, la comunicación estratégica también consiste en observar, analizar y comprender cómo evoluciona la percepción de una organización.
Es un buen momento para revisar la conversación sobre la marca, detectar tendencias emergentes, analizar el posicionamiento de la competencia y evaluar si el relato que se ha construido durante el año sigue respondiendo a las expectativas de los distintos grupos de interés. Las decisiones que nacen de esa escucha suelen ser mucho más sólidas que aquellas que responden únicamente a la urgencia del día a día.
Preparar septiembre empieza mucho antes
Los proyectos que generan impacto en otoño rara vez nacen en septiembre. Las campañas más eficaces suelen construirse durante los meses en los que, aparentemente, sucede menos. El verano ofrece el tiempo que durante el resto del año escasea: pensar, revisar la estrategia y tomar decisiones con perspectiva.
La reputación tampoco se toma vacaciones. Se construye de forma acumulativa, a través de la coherencia entre lo que una organización dice, hace y decide comunicar. Quizá por eso septiembre no empieza cuando termina agosto, sino mucho antes, cuando todavía parece que nadie está mirando.
¡Feliz verano!

